En un escrito persuasivo o de argumentación,
lo que se intenta es convencer a los demás para que estén de acuerdo con la situación planteada, para que compartan nuestros valores y acepten nuestras razones y nuestras conclusiones; o sea, para que adopten nuestra forma de pensar.
Elementos para la elaboración una buena argumentación:
Estrategias para conseguir escribir una buena argumentación:
Plantear el problema con tus propias palabras.
Pensar en las cuestiones planteadas en el trabajo mientras se lee y se realiza la labor de búsqueda de información.
Hacer una lista de los hechos y clasificarlos por orden de relevancia, corregir y descartar de la lista, etc.
Preguntarse: "¿Qué falta?"
¿Cuáles son los "temas candentes" en relación al tema?
Hacer una lista de los posibles sentimientos o reacciones emocionales en relación al tema, para su uso subsiguiente.
¡Empezar a escribir el borrador! (remitirse a: Cómo escribir ensayos: ideas básicas)
Empezar ajustándose al máximo a las lecturas e investigación realizadas.
En esta fase no hay que preocuparse por la corrección gramatical u ortográfica.
Hacer un resumen y concluir la argumentación.
Remitirse al primer párrafo inicial así como a los puntos principales.
¿Tiene sentido? ¿Estoy convencido del mismo?
¿Resulta convincente para el lector?
¿Entenderá el lector cuáles son mis valores y estará de acuerdo con mi forma de ver las cosas?
Cómo responder a las críticas:
Considerar las críticas como un test para desarrollar tu habilidad para ser persuasivo.
Trata de no tomarlas como algo personal.
Si lo que es objeto de crítica son los hechos,
comprobar su veracidad y citar las fuentes.
Si lo que es objeto de crítica son los valores,
tener en cuenta que a veces hay que aceptar que alguien discrepe con nosotros. Recordar que para poder persuadir a otra persona de algo, ese alguien tiene que estar dispuesto a ser persuadido de otra cosa.
Miedo: si uno no está acostumbrado a comunicar ideas,
especialmente por escrito, posiblemente tenga que superar primero el miedo a otro nivel. La escritura, a diferencia de un discurso (siempre que no sea grabado), deja un rastro permanente a la vista de todo el mundo. En el medio escrito el "contexto" no es tan importante como en el discurso, en que el entorno da un cierto tono a las palabras. Por ejemplo, los lectores no pueden ver al que escribe, sólo sus palabras. No saben cómo es, dónde vive o quién es.
Cabe la esperanza que en el escuela y en las aulas, se disponga de un ambiente seguro donde practicar tanto el arte de escribir como de persuadir. Luego, más tarde, cuando nos veamos inmersos en la comunidad, sea en el trabajo, en la congregación, en el barrio o incluso en la familia, podamos beneficiarnos de esa habilidad.
La persuasión tiene también otra dimensión:
usar hechos para ilustran conclusiones. Por supuesto, esto significa que hay que saber de lo que se habla y no dejar de conocer los hechos, de otro modo no se puede convencer a nadie con éxito. Lo anterior conecta con otro tipo de miedo: el miedo de cometer un error que deje sin sentido al argumento o sin fuerza persuasiva. Puesto que todo se está poniendo por escrito y las palabras quedan fijadas sobre el papel o a la vista de todo el mundo en una página de internet; es necesario esforzarse para que los datos aportados sean correctos.